Cuba: Ingenio vs censura



Vendedor de periódicos (Foto de Archivo)

GUANTÁNAMO, Cuba. – El ingenio de los cubanos se advierte tanto en las invenciones que realizan ingenieros y técnicos para mantener funcionando equipos con más de cincuenta años de uso, como en las que ejecutan anónimos montañeses para trasvasar agua desde los ríos hasta sus casas, transportarse por las peligrosas pendientes de La Farola en sus “chivichanas” o comunicarse a distancia sin medios tecnológicos.

Ni hablar de los “inventos” que hacen las amas de casa para alimentar a su familia.

Tal ingeniosidad está presente en la lucha cotidiana contra la censura y la represión del pensamiento libre y se aprecia también en la creación de símbolos comunicativos. La elipsis, la sugerencia y las frases inconclusas son mecanismos muy usados por los humoristas para salir airosos dentro de los estrechos marcos impuestas por el castrismo. Un ejemplo es el popular programa “Vivir del cuento”, donde el dardo cáustico casi siempre está en la sugerencia y la dilucidación del mensaje en la capacidad del espectador.

La censura castrista se aplica con mayor fuerza contra los medios independientes del gobierno que existen en Cuba o fuera de ella, dedicados a divulgar la realidad  que la prensa controlada por el partido comunista no aborda o no puede abordar y a ofrecer puntos de vista diferentes a los que esta sostiene.

Con independencia de los desaciertos en los que puedan incurrir unos u otros medios, pues la verdad absoluta no la tiene nadie y los sucesos no deben enfocarse únicamente en blanco y negro -como acostumbra a hacer la prensa oficialista cubana-, si  tuviéramos  la posibilidad de acceder libremente a Internet y  comparar los análisis de la prensa comunista con los que hacen esos otros medios, estaríamos mejor informados y podríamos llegar a una evaluación más acertada del tema tratado.

Como esos medios alternativos molestan -y mucho- al castrismo porque debilitan la visión idealista y manipuladora de su prensa, se impide el libre acceso a sus contenidos para que su impacto social disminuya notablemente. Y es ahí donde el ingenio de los cubanos también se ha hecho presente.

En los años noventa del pasado siglo, en pleno período especial, obstaculizar las emisiones de Radio y TV Martí se convirtió en una obsesión para Fidel Castro, al extremo de que ordenó la instalación en la costa norte de potentes medios tecnológicos para bloquear las señales de dichas emisoras, o lo que es lo mismo, para impedir que el pueblo cubano se enterara de lo que pasaba realmente en Cuba y no divulgaba su gobierno. No se sabe cuánto costó esa decisión, como tampoco se sabe a cuánto asciende el costo de los refugios construidos a lo largo y ancho del país y que ahora permanecen como laberintos sombríos y estériles bajo nuestras ciudades, otra prueba más del derroche económico de los comunistas.

Entonces, sólo muy tarde en la noche podía escucharse Radio Martí. En Guantánamo, un grupo de amigos nos reuníamos para escuchar las grabaciones de los programas de noticias y de opinión de esa emisora y para ver algunos programas de la televisión de la base naval norteamericana transmitidos por el canal 8, cuya señal a fines de esa década terrible ya no era visible en la ciudad. Las grabaciones de Radio Martí y de los programas de la base naval las hacía un hábil ingeniero domiciliado en Caimanera, auxiliado de una potente antena portátil que instalaba subrepticiamente en el patio de la casa de sus padres, hora en que  sus  vecinos más cercanos quedaban hipnotizados por la telenovela brasileña de turno. Cada fin de semana nos vendía, a un precio módico, un  video-casete con programas de la base y otro casete con programas de Radio Martí, con el compromiso de devolverlos a más tardar el miércoles siguiente. Ahora que hay muchas personas dedicadas a la reventa del paquete, estoy seguro de que ese amigo fue un adelantado.

Dentro de esos medios alternativos algunos reciben con más saña los efectos de la censura castrista, como ocurre con Cubanet. Un día entras a Internet y puedes acceder fácilmente a su página, otro pasas horas y horas sin lograrlo, por más vericuetos que uses en la red de redes. Pero gracias a la tecnología y al espíritu emprendedor de los cubanos –potenciado por los altos costos del acceso a Internet en Cuba- el muro que pretende imponer el castrismo se desmorona, pues si bloquea alguna aplicación que permite evadir el cerco no pasa mucho tiempo para que aparezca otra.

Sorprende que en las difíciles condiciones de represión en que vivimos los cubanos,  en varias ciudades del país haya ciudadanos que, a su costo, seleccionen las que consideran las mejores noticias publicadas por los medios alternativos durante la semana y con ellas confeccionen una especie de boletín semanal que circulan entre personas de confianza, lo cual se hace en La Habana, Mayabeque, Matanzas, Cienfuegos, Holguín, Santiago de Cuba y Guantánamo. Más meritorio es que la confección de esos sencillos boletines se haga sin  intención lucrativa y que su objetivo sea únicamente compartir información. Si en Cuba esa acción no fuera considerada por el gobierno un posible  delito de “Propaganda enemiga” u otro de “Clandestinidad de impresos”, y si los costos de impresión no fueran tan altos, no hay que dudar que esos -hasta hoy solidarios compartidores de información- pudieran ser eficaces promotores de esos boletines que, seguramente en poco tiempo, tendrían más demanda que los semanarios provinciales controlados por el partido comunista.

El gobierno lo sabe. Precisamente por eso la ha emprendido contra los  colegas que hoy realizan el llamado periodismo de barrio e imprimen y distribuyen sus noticias. Porque es evidente que despacito -como dice la canción- los cubanos cada vez tenemos menos miedo a ser congruentes con lo que pensamos. En definitiva, esa es la única forma de ser verdaderamente libres y otra prueba más de que la decisión de serlo radica en nosotros mismos.



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